¿Es la felicidad una métrica de inversión?

 

En nuestro día a día, hablamos con muchos coinversores, analistas de inversión y vehículos de inversión. Y nos hemos dado cuenta que existen dos grupos de inversores:

  1. Aquellos que se fijan más en las métricas tangibles.
  2. Aquellos que le dan más valor a las intangibles.

A los más analistas les encantan las métricas tangibles: adquisición, retención, conversión, churn, CAC…y así un sinfín de términos anglosajones que sigo aprendiendo. En definitiva, se centran en el análisis, en los números, en aquello que les proporciona seguridad y confianza en el proyecto. Se trata de una manera o incluso una filosofía de inversión. Inversión por análisis.

Pero, desde mi punto de vista, a pesar de que nunca hay que olvidar las métricas tangibles, las intangibles son las más interesantes. La persona, el perfil profesional, la empatía, la intuición, el sentido común, el conocimiento, la perspicacia, la creatividad, el entorno, la salud emocional o incluso, por qué no, la felicidad.

Estudiar estos factores significa analizar la inversión desde un punto de vista más humano.

En todos mis años en el sector, nunca he visto a ningún inversor preguntar a la persona que presenta el proyecto si es feliz. ¿Y no debería ser esa la primera pregunta?

La felicidad es la métrica más valiosa ya que implica muchas cosas detrás: ¿Quién rodea a la persona? ¿Cuáles son sus valores? ¿Qué le mueve? ¿Cuál es su propósito? 

No debemos olvidar que, en realidad, invertimos en personas. En su personalidad, carácter y fortaleza. Invertimos en profesionales. En sus conocimientos, aptitudes y capacidades; e invertimos en proyectos.

Y en este orden. Personas, profesionales, proyectos.

Por ello, a pesar de que las métricas tangibles, aquellas que nos hablan del proyecto son importantes, hay que empezar a darle más valor a aquellas que nos hablan de la persona y del profesional.