Ley de Segunda Oportunidad: ¿y si tu salvador no es un inversor, sino un juez?

Se aprende más del fracaso que del acierto. Este dicho popular vale su peso en oro en la mochila de muchos emprendedores.  También en el de muchas familias y particulares que se encuentran en bancarrota, quizás en ese caso achacable a sus circunstancias personales y no directamente a un proyecto empresarial que no funcionó y arrastró a sus impulsores a un pozo sin fondo. Un pozo de deudas, por supuesto.

En esta coyuntura, para un emprendedor que ha apostado por crear un negocio como autónomo y sucumbe a los pocos años por falta de liquidez y por el portazo de bancos, entidades de financiación y hasta de inversores, el poder acudir a un juez que le exima de las deudas es un soplo huracanado de aire fresco para no claudicar definitivamente y repetir el intento con otra iniciativa empresarial.

La Ley 25/2015 de mecanismo de segunda oportunidad, reducción de la carga financiera y otras medidas de orden social, conocida como Ley de la Segunda Oportunidad, fue creada hace ocho años para dar justamente eso, una oportunidad más a familias y pequeños titulares de PYMES mayormente autónomos, cuyos adeudos no superasen el importe de 5 millones de euros y pudiesen acreditar en el juzgado que habían actuado de buena fe. En el sentido de haber hecho todo lo posible por revertir sus impagos, fuese por la causa que fuesen, además de corroborar que tenían cerradas todas las puertas de financiación, ni un solo resquicio en este capítulo. La legislación exige también a los acogidos a esta Ley que no hayan sido condenados por delitos socioeconómicos en los diez últimos años.

Además de la legislación de 2018, su aplicación se regula mediante el Real Decreto Legislativo 1/2020, de 5 de mayo, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley Concursal. En esta ley también se regula el mecanismo de la Segunda Oportunidad.

Cuando no decirte la verdad hunde

“¿Por qué cerré? Sobre el papel, mi negocio de servicios IT facturaba, pero al final tenía dos trabajadores, dos vehículos, y, mis números estaban casi en el límite para lograr ser rentable. Los asesores, tanto los del Ayuntamiento, como uno particular que yo pagué de mi propio bolsillo me decían…’estás casi en el punto de equilibrio, casi llegas, sólo te faltan cuatro clientes más’, pero al final todo eran préstamos, préstamos uno tras otro, y renovarlos para intentar ser rentables.”

Nunca me encontré con un asesor que tuviese experiencia de calle, de haber tenido un negocio, de haber fracasado y de haberse levantado, alguien que me dijera ‘esto es así, o es blanco o es negro’. Que me ayudara a salir de esa incertidumbre, o que se atreviese a decirme que, si no superaba ese impasse, que cerrase. La gente te dice que los primeros dos tres años pierdes dinero, después otros te dicen que son los primeros cinco años. Llegué a un punto en que no sabía cómo salir de esta espiral.”

El relato contado a Oryon Universal proviene de uno de esos testimonios reales de emprendedores a quien, si bien el juez no le salvó la vida, porque no recurrió a una inexistente, entonces, Ley de la Segunda Oportunidad, sí nos aporta el argumento de haber recibido consejos baldíos y un mal asesoramiento, incluso a veces por no querer decirte la verdad.

Asesores especializados

En este contexto, y dadas las circunstancias, que el profesional autónomo y emprendedor acuda a un asesor especializado, habitualmente un bufete de economistas, mediadores y juristas especializados en Derecho Mercantil y de asesoramiento jurídico en materia concursal, aparece como la mejor solución. 

Despachos de abogados como «Repara tu Deuda» aseguran que han llevado ya más de 20.000 casos de particulares y autónomos aquejados por esta situación de imposibilidad de hacer frente a deudas, y la firma presume de un logro de 170 millones de euros exonerados a solicitantes acogidos a la Ley de la Segunda Oportunidad.

Otra de las asesorías especializadas, Liber Debit, a una escala menor que la anterior ha tramitado más de 300 casos de Segunda Oportunidad por todo el país, en los que ha conseguido liquidar más de 10,5 millones de euros de deudores. Como nos explica uno de sus impulsores, Jordi Llach, su ratio de éxito es del 99%. Hacen una primera valoración gratuita. Y destacan tanto por las numerosas sentencias de cancelación de deuda como por las de cancelación de créditos públicos a través de planes de pago, así como por los concursos de particulares que tienen una sola deuda a pesar de estar en una situación de insolvencia. Hasta han llevado el beneficio de la exoneración del pasivo insatisfecho a los avalistas de los deudores.

Uno de esos beneficiarios fue el director de una constructora saneada que a raíz de la crisis empezó a tener impagados y devoluciones, lo que le generó una deuda de 372.000€ con bancos y administraciones públicas.  “Nosotros, en Liber Debit, conseguimos ayudarlo a cancelar la deuda privada y un 50% de la deuda pública; del resto se hizo un plan de pagos a 5 años sin intereses. Fue eso, una ‘segunda oportunidad’, para un empresario autónomo, hoy reconvertido en empresario bodeguero, que creía que todo estaba acabado para él”, narra a Oryon Jordi Llach.

El Estado no perdona sus deudas

Pese a todo, no resulta tan simple acogerse a la regulación que exonera tus deudas. Solicitudes de empresarios de startups en aprietos, se enfrentan a condicionantes. Uno y de calado es que el Estado no perdona sus deudas con los acreedores, y hablamos de importes pendientes de pago a la Seguridad Social, IRPF, IVA, que conlleva la propia actividad empresarial. Como destaca este reportaje sobre porqué a las startups no les gusta la Ley de segunda Oportunidad. Otro argumento es el riesgo que conlleva para muchos emprendedores ‘dispararse al pie’ como sería el presentar su patrimonio personal o familiar como aval.

En el fondo, muchas startups buscan vericuetos y canales inversores inherentes al capital riesgo y tratan de esquivar así los préstamos bancarios o financieros tradicionales. Pero ello no exime a un emprendedor encontrarse, si las cosas no han ido bien, ante el dilema de buscar ese inversor inexistente para no tener que cerrar su negocio, o acudir, al final, como persona física a un juez para tratar de que le perdone las deudas, si las hubiese, contraídas a título personal en el intento empresarial.

En Oryon Universal, contamos con un gran equipo de profesionales especializados en el área Legal, que pueden asesorarte y acompañarte según la situación en la que te encuentres como emprendedor/a. Si quieres conocer más información, ¡contáctanos!

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